martes, 28 de abril de 2009
Lógico y filósofo norteamericano, nacido en 1908 en Akron, Ohio, EE.UU. Estudió matemáticas y filosofía en Oberlin y fue profesor en Harvard, universidad donde transcurre toda su carrera y donde conoce a Alfred North Whitehead y Herbert Feigl, miembro destacado del Círculo de Viena, quien le sugirió frecuentar los cursos de Rudolf Carnap en Praga y Viena. En Varsovia entra en contacto con los lógicos Lesniewski, Lukasiewicz y Tarski. Russell y Carnap son los filósofos que más han influido en sus ideas. Es considerado uno de los filósofos de mayor importancia en el ámbito anglosajón y uno de los principales en el ámbito de la filosofía analítica. Sus obras abarcan no sólo estudios fundamentales sobre lógica matemática y filosofía del lenguaje, sino también cuestiones centrales de epistemología y ontología. Sus ensayos más característicos son Acerca de lo que hay (1948) y Dos dogmas del empirismo (1951); este último supone su crítica más profunda al positivismo lógico. Uno de estos «dogmas» es la distinción entre verdades analíticas y verdades sintéticas, que critica por no haberse trazado nunca una neta distinción entre ellas y porque la analiticidad precisa de la sinonimia para ser definida y ésta de aquélla, con lo que nunca se supera una definición circular. El segundo de los dogmas es el reductivismo, o la creencia positivista en que, para todo enunciado con sentido, hay una experiencia, lógicamente formulable que lo confirma. Ambos dogmas resultan ser dos falsos pilares sobre los que se sostiene el empirismo lógico. Este reduccionismo, además, remite al criterio empirista de significado, y éste supone que los enunciados pueden confirmarse o refutarse individualmente.
Quine, en cambio, sostiene que sólo pueden someterse a confirmación o refutación conjuntos de creencias teóricas (tesis de Duhem-Quine), o una teoría considerada
en su globalidad. Por ello, no hay enunciados inamovibles, ni tan sólo las tradicionales verdades analíticas; todo puede ser refutado por la experiencia, aunque no de un modo particular, cuando ésta impone un cambio total a nuestro sistema de creencias. Por lo mismo, tampoco son los enunciados singulares los portadores de significado, sino que éste se aplica sólo a la teoría general o a conjuntos de enunciados (holismo semántico). La única excepción a este principio es el enunciado observacional. Sólo esta clase de enunciados, junto con las teorías, tienen significado empírico: el que determina precisamente un conjunto de estímulos sensoriales -la estimulación no verbal-, que pueden considerarse constantes de individuo a individuo. Para todos los demás enunciados de una teoría -y de un lenguaje-, no hay significados unívocos ya dados, sino sólo aquellos que se les atribuye convencionalmente por las conductas de los hablantes. Una de las cuestiones importante que ha de resolver una teoría es el problema de la referencia del lenguaje que usa: toda teoría, transcrita en un lenguaje lógico, compromete a una ontología, u obliga a un compromiso ontológico. La ontología de una teoría consiste en decir a qué objetos se refiere o cuáles son los objetos que hay que reconocer en un marco extralingüístico. Quine se decide por un nominalismo mitigado. Aparte de los objetos físicos, en su teoría lógica sólo tienen referente los cuantificadores: la exigencia de referente puede eliminarse de los nombres y de los predicados, pero no de las variables ligadas. Ninguna variable ligada se emplea con sentido sin un ámbito de valor a que referirse. Por eso, «ser significa ser el valor de una variable ligada». La cuestión de preguntarse por lo que hay es en filosofía más necesaria y adecuada que en las ciencias empíricas: en todas se pasa de lo concreto y observacional a lo general y teórico; en todas hay un ascenso semántico hacia la teoría, que facilita la comprensión sobre aquello de que se está hablando medio ropaje lingüístico, pero, si siempre se habla del mundo -en definitiva, del fondo de estimulación no verbal-, a la filosofía le compete propiamente el análisis crítico de la creencia en la existencia de objetos físicos y de clases. En esto, y no en ningún método radicalmente distinto, estriba la diferencia entre filosofía y ciencia: no hay una demarcación drástica entre una y otra (ver cita y ver texto ).
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-99. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.
Curso Epistemologia
René Descartes: el cogito
Así pues, considerando que nuestros sentidos en algunas ocasiones nos inducen a error, decidí suponer que no existía cosa alguna que fuese tal como nos la hacen imaginar. Y puesto que existen hombres que se equivocan al razonar en cuestiones relacionadas con las más sencillas materias de la geometría y que incurren en paralogismos, juzgando que yo, como cualquier otro, estaba sujeto a error, rechazaba como falsas todas las razones que hasta entonces había admitido como demostraciones. Y, finalmente, considerando que hasta los pensamientos que tenemos cuando estamos despiertos pueden asaltarnos cuando dormimos, sin que ninguno en tal estado sea verdadero, me resolví a fingir que todas las cosas que hasta entonces habían alcanzado mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero inmediatamente después, advertí que, mientras deseaba pensar de este modo que todo era falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y dándome cuenta de que esta verdad: pienso, luego soy, era tan firme y segura que todas las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de hacerla tambalear, juzgué que podía admitirla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que yo indagaba.
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Discurso del método, dióptrica, meteoros y geometría (Alfaguara, Madrid 1981, p. 25).
jueves, 23 de abril de 2009
FRANCIS BACON
Principal filósofo inglés del Renacimiento, padre del empirismo moderno y gran promotor de la idea de que el saber es útil para la vida práctica. Nació en Londres, ingresó en la universidad de Cambridge a los 12 años e, hijo como era del Lord Guardasellos de la reina Isabel, se preparó para la vida política estudiando jurisprudencia en el Gray's Inn de Londres. En 1584 fue elegido miembro de la Cámara de los Comunes y luego, en 1613, ya con Jacobo I, Lord Guardasellos y Lord Canciller. En 1618 fue nombrado barón de Verulam y posteriormente vizconde de SaintAlbans. Su notable carrera política se vio interrumpida cuando, acusado de corrupción, en 1621, ante la Cámara de los Lores, fue declarado culpable y encerrado por un corto período de tiempo en la Torre de Londres, quedando excluido de la vida pública y muriendo sin ser rehabilitado. A pesar de su actividad política halló tiempo para la intelectual, por la que principalmente la historia le recuerda. Tras numerosas obras de crítica de la tradición filosófica clásica, medieval y hasta la renacentista de su tiempo, proyecta una obra enciclopédica, a la que da el nombre de Instauratio Magna [La gran restauración, que divide en seis partes, de las que el Novum Organum (publicado en 1620) es su parte segunda, mientras que De dignitate et augmentis scientiarum [La dignidad y el progreso de las ciencias] (1623), su parte primera, y su Historia naturalis et experimentalis ad condendam philosophiam sive phenomena universi [Historia natural y experimental para construir la filosofía o los fenómenos del universo], (1622-1623), corresponde a la parte tercera.
En 1627, junto con Sylva sylvarum or a natural history [Selva de las selvas, o historia natural], o apuntes sobre experiencias hechas, su secretario William Rawley publica New Atlantis [Nueva Atlántida, utopía social, en la que presenta una sociedad organizada por y para la investigación científica y la técnica. El gran mérito de Bacon es haber previsto la utilidad práctica del saber teórico y la posibilidad de transformar la sociedad mediante las aplicaciones de la ciencia y la técnica. Para ello, entrevió la necesidad de una reforma del saber de su época, consistente en una reorientación de la ciencia hacia la naturaleza y hacia los hechos, y el recurso a una metodología adecuada, no basada en la lógica aristotélica. Este nuevo método es el que expone en su Novum Organum, obra que pretende ocupar el lugar otorgado hasta entonces a la lógica aristotélica, u Organon. Su nueva lógica tiene dos partes: la destructiva, que consisteen la doctrina de los ídolos (ver texto ), y la constructiva, que expone las reglas del nuevo método, al que denomina interpretación de la naturaleza. Los ídolos son los errores o prejuicios, que hay que evitar cuando se hace ciencia, y que emanan de la naturaleza humana (tribu), de la naturaleza del individuo (caverna), de la comunicación entre humanos (foro) y de la excesiva servitud a las teorías tradicionales (teatro). La parte constructiva de la lógica es la exposición de la teoría de la inducción baconiana, o método baconiano (ver texto ). Éste no consiste en una simple recogida de datos, sino en una observación cuidadosa y completa de los hechos, que llama «historia natural y experimental», realizada según tablas de presencia, ausencia y comparación o grados. La inducción baconiana supone de hecho la obtención de hipótesis o conjeturas por eliminación, las cuales somete de nuevo a otras pruebas. Algunos autores han visto en la inducción baconiana elementos del posterior método hipotético-deductivo, pero otros la consideran más acertadamente un método científicamente inerte. La gran fama de Bacon, que la historia le ha otorgado como profeta o heraldo de la revolución científica o de una nueva metodología científica, que la futura Royal Society habría puesto en práctica, se debe al hecho de haber mantenido la creencia en que el hombre, como sujeto colectivo, podía llegar a conocer y dominar la naturaleza mediante la ciencia y la técnica. Según la interpretación de P. Rossi, en 1957, Bacon no hizo más que modificar de forma significativa la creencia renacentista, de tradición hermética, en la magia natural como medio de dominar la naturaleza. Tampoco la Royal Society siguió en realidad los métodos baconianos de inducción, cuyo defecto fundamental era que se inspiraban en una física cualitativa (las formas), aristotélica, por tanto, y que ignoraba la utilidad de las matemáticas en la investigación física. La metodología de la ciencia moderna achaca a Bacon la escasa importancia otorgada a la hipótesis científica y la excesiva importancia dada a la recolección de datos.
Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-99. Empresa Editorial Herder S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3. Autores: Jordi Cortés Morató y Antoni Martínez Riu.